Feria de Málaga: del Real a la Calle Larios

Cuando toda España parece adormecerse en los calores de la segunda quincena de agosto, Málaga se viste de feria, enarbolando su “Verde y Morá” y adornando su Calle Larios para propios y extraños, mostrando sus mejores galas desde el “Primer Sábado de Feria” hasta el próximo domingo día 22 en el que las luces del Real de la Feria se apagarán hasta el próximo año, para llenar de vida, color y alegría la siempre sofocante y soporífera segunda quincena de agosto.

La Feria de Málaga hunde sus raíces en la Edad Media, pocos años después de la Reconquista, por lo que se puede considerar como la decana de las ferias andaluzas. Y es que la Feria de Málaga viene a coincidir en fechas con aquella Reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, la cual se produjo el 19 de agosto de 1487 (si bien la ciudad se rindió el día anterior, aunque los Reyes Católicos no entraron en la misma hasta el día siguiente), Reconquista en cuyo honor y recuerdo, precisamente, se instauraron las primeras celebraciones agostinas de Málaga, coincidiendo al tiempo con el día de la Asunción o de la Virgen de Agosto del 15 del mismo mes. De ahí que se pueda afirmar que la Feria de Málaga tiene un origen bien distinto al del resto de ferias andaluzas, un origen que escapa de lo comercial, tan propio de las medievales y originarias ferias agrícolas y ganaderas, justificándose en origen la conmemoración en los acontecimientos que dieron lugar al paso a manos cristianas de la ciudad en 1487, acontecimientos que, contextualizados en su tiempo, se justificaban por la intervención divina de la Virgen de Agosto.

Obviamente, la Feria de Málaga ha cambiado bastante desde entonces, pasándose de las procesiones y los cuatro toros corridos como más celebrar, a la grandiosidad de unas fiestas que hoy constituyen un atractivo turístico imprescindible para la Costa del Sol, celebraciones que, en buena parte, se han despojado del carácter sacro de antaño para dar paso a unas fiestas llenas de luz, color y sabor andaluz. Así, apenas quedan vestigios del fervor religioso que vieron nacer a las primeras celebraciones medievales, quizás la “Romería al Santuario de Nuestra Señora de la Victoria”, Patrona de Málaga, la cual tiene lugar el “Primer Sábado de Feria”, arrancando los romeros desde el Ayuntamiento encabezados por el “Abanderado” de ese año, un personaje imprescindible y que cada año recae sobre una personalidad que es nombrada por la “Asociación Centro Histórico de Málaga”, un honor que se otorga por decisión de la misma a principios del mes de agosto.

Aunque las fiestas malagueñas ya comenzaron en la práctica la noche antes con el “Pregón” que da el “Pregonero” (cargo que cada año recae sobre alguna personalidad de la ciudad, y que este año ha correspondido al cantante malagueño Javier Ojeda) rayando la medianoche en la playa de La Malagueta, acto que va acompañado de un espectáculo piromusical que se acompaña por una actuación (este año de Miguel Bosé), lo cierto es que es el “Primer Sábado de Feria” el que determina el inicio de las fiestas con actos como la ya mencionada “Romería al Santuario de Nuestra Señora de la Victoria” y, por supuesto, el encendido por el Alcalde de las luces del Real de la Feria, recinto ferial ubicado en el casco histórico de la ciudad (en concreto en el Real Cortijo de Torrres) y donde se ubican las más de 200 casetas de entrada pública, así como las atracciones feriales que hacen disfrutar a grandes y pequeños (sobre todo a estos últimos) y el Auditorio Municipal, lugar este último donde actúan diversos artistas de renombre, como ocurre este año con Lolita, Café Quijano o Marta Sánchez, entre otros.

Ciertamente, se podría decir que el Real de la Feria es el corazón de Málaga en su Feria. Sin embargo, con el Real compite en ese papel la Calle Larios (cuyo nombre oficial es de “Calle Marqués de Larios”, dedicada en honor a Manuel Domingo Larios y Larios, II Marqués de Larios, quien fuera promotor del desarrollo industrial de la ciudad en el siglo XIX), la cual se engalana con los farolillos de colores que tapizan el interminable toldo que proteje del sol toda la calle durante estos días, con las biznagas (unos macizos de flores de jazmín pinchados en palos que adornan y perfuman la ciudad durante estos días y que llegan a ser verdaderas obras de arte a manos de los llamados “biznagueros”, artesanos de la flor que elaboran estas maravillas florales), llenándose de música de la mano de los “Verdiales” (grupos de fandangos que cantan y bailan por las calles malagueñas y cuya tradición no se limita a la Feria de Málaga, ya que su origen es mucho más profundo y hunde sus raíces en la tradición campesina de la provincia), del colorido de los trajes típicos que malagueñas y malagueños pasean orgullosos, del aroma de los siempre apetecibles churros con chocolate a altas horas de la madrugada, …; un lugar, la Calle Larios, que sirve al paseante para escapar durante unas horas del bullicio, muchas veces ensordecedor, procedente del Real de la Feria, donde se ubican las atracciones más típicas de las ferias, las tómbolas, los bares y restaurantes ambulantes y, por supuesto, los cientos de casetas llenas de música y baile, todo un conjunto que, a pesar del bullicio que genera, constituye parte indisoluble e indispensable de la Feria Malagueña, una parte que, admitámoslo, resulta deliciosa con esos sonidos e imágenes comunes que nos retrotraen a nuestra infancia.

Málaga está en fiestas, en su “Feria de Agosto”, unas fiestas que llenan de vida la mortecina y lánguida segunda quincena de agosto, que llenan los cinco sentidos de fiesta, de aromas, de sabores, de luz, de música en una ciudad que, especialmente en estas fechas, enamora a quien la visita.

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