¿Es seguro viajar a Marruecos?

No cabe duda de que Marruecos es un destino turístico con luces y sombras: es uno de los destinos preferidos por la magia y encanto que encierran los países de tradición islámica, al tiempo que, esa misma tradición, encierra ese temor a lo desconocido que presenta siempre una cultura diferente, algo que, paradójica mente, parece acrecentar sus encantos.

Efectivamente, Marruecos transporta nuestra imaginación a otros mundos, mundos de mil y una noches, de tejidos vaporosos mecidos por la brisa nocturna del desierto, de sonidos de muecines lejanos llamando a la oración, de bulliciosos mercados nocturnos llenos de aromas espaciados y de sonidos sugerentes que nos invitan a recorrer las callejuelas llenas de encantos y, por qué no, de indefinidos al tiempo que atractivos peligros. Marruecos, con ciudades como Marrakech es siempre un destino mágico, encantador, sorprendente y sorprendente, no exento de peligros que son, generalmente, más o menos aceptados como parte de su encanto.

Está claro que cuando se decide realizar un viaje a Marruecos, se tienen en cuenta los contras propios de un país instalado en la picaresca: pequeños robos, la necesidad del regateo, el relativo riesgo de apostar por un guía callejero local, la aventura de montarse en un taxi, la necesidad de las propinas para conseguir la mejor fotografía, el obligado “desgaste de moneda” si decidimos cambiarla en un cambista callejero, … Una picaresca que nos hace subir la adrenalina como parte del encanto de un destino que convierte la “magamat” heredada del siglo XII en uno de sus reclamos turísticos implícitos, no confesado en los folletos que nos entregan en las agencias de viajes, pero que, sin duda, se tiene siempre presente a la hora de elegir Marruecos como destino turístico para nuestras vacaciones, una picaresca que le añade un encanto especial, común por lo demás a todos los países del Magreb.

Ahora bien, en los últimos tiempos ese riesgo controlado y, hasta cierto punto, encantador, se está rompiendo de la mano de otro riesgo menos entrañable como es el del terrorismo islámico. Es cierto que Marruecos añade un plus de seguridad a otros destinos también azotados por la lacra del terrorismo integrista, pero no es menos cierto que la presencia de grupos vinculados con “Al Qaeda”, si bien no tan organizados ni amenazadores como en otros lugares de la zona, comienza a ser preocupante y, desde luego, da pie a plantearse si Marruecos es ya un destino tan apetecible como antaño.

Atentados como el de Casablanca de 2003 son escasos en Marruecos, pero el riesgo existe ciertamente, ejemplo de lo cual es la desarticulación desde entonces de unas 60 células terroristas dispuestas a atentar contra extranjeros, la mayoría de las veces en atentados suicidas, desarticulaciones a las que se suma la reciente de 18 miembros que estaban a punto de perpetrar un gran atentado en aquel país, así como la de 11 miembros de un grupo terrorista “takfiri” que estaban a punto de perpetrar varios atentados y que, felizmente, fueron detenidos en mayo de este mismo año. Efectivamente, pocos atentados, pero, como contrapartida, un gran número de células llamadas “durmientes” o, lo que es más peligroso, totalmente operativas y listas para actuar cuyo objetivo principal son los extranjeros occidentales, especialmente turistas.

Realmente son datos inquietantes que hacen plantearse el elegir a Marruecos como destino turístico, un destino hasta 2003 que parecía inmune a la corriente “yihadista” que ha venido instalándose en la mayoría de los países de tradición islámica. Efectivamente, las autoridades alauitas se congratulaban, y con razón, de que su territorio era inmune a las corrientes “yihadistas” que proliferaban de forma alarmante en otros territorios próximos, inmunidad que, sin embargo, desapareció en 2003 en Casablanca, dando lugar a la aparición de los primeros grupos terroristas inspirados en la “Salafiya yihadia”, una corriente ideológica que los hermanaba siguiendo la estela de “Al Qaeda” y que, cómo no, presenta como objetivo terrorista más cercano y fácil de golpear a la mayor fuente de ingresos de Marruecos: el turismo.

No cabe duda de que Marruecos, si lo comparamos con otros destinos de la zona, continúa siendo una opción segura, pero no es menos cierto que este país también se ha convertido en uno de los destinos preferidos por la ideología “yihadista”, estableciéndose en el mismo todo un entramado de grupos con fines terroristas que obligan al viajero a tener en cuenta una serie de recomendaciones de seguridad a la hora de viajar a Marruecos, recomendaciones entre las que destaca el evitar las grandes aglomeraciones de gente o grupos de turistas, objetivos ideales para los terroristas por su gran impacto mediático en occidente.

En todo caso, hoy día ninguna parte del Mundo está exenta de sufrir atentados terroristas, aunque siempre es conveniente tener una serie de prevenciones mayores en el caso de destinos como Marruecos, un país que, por lo demás, a pesar de todo, continúa conservando el encanto y la magia de que siempre ha hecho gala, transportándonos a mundos de ensueño de los que ya quedan pocos, evocándonos una suerte de contrastes, de aromas y sabores primitivos, pero sofisticados al tiempo, que lo convierten en un destino irresistible a pesar de todo, un destino en el que las tradiciones y los orígenes más auténticos continúan estando a flor de piel, enamorando a todo el que lo visita.

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