Destinos de interior: Ávila

Concluimos la serie de “Viaje Noticias” dedicada a destinos de interior para este verano sin salir de la provincia de Ávila. Efectivamente, de Arenas de San Pedro nos vamos a la capital de la provincia y nos instalamos en Ávila capital, una de las ciudades más bellas y con más encanto de Castilla y León, que nos recibe con sus impresionantes murallas medievales que encierran toda la magia y la mística de una ciudad imprescindible en nuestro periplo por el interior de la geografía española.

Patrimonio artístico, histórico, cultura, tradiciones, cultura, gastronomía, naturaleza, …; Ávila ofrece al viajero un amplísimo elenco de atractivos que corvierten a esta ciudad en una de las joyas turísticas de interior más preciadas de nuestro país, joya declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985 e integrada desde 2005 en la “Red de Juderías Españolas”; una joya con todo el sabor medieval que os descubrimos en este artículo.

Aunque el nombre de la ciudad tiene su origen en los pueblos y tribus que han habitado durante milenios la provincia, fueron los romanos los que oficialmente le dieron la denominación de “Abila” o “Abela”, siendo éstos los que conformaron la estructura arquitectónica y fortificada de la ciudad que ha perdurado hasta nuestros días. Así, los romanos dejaron su huella en lo que actualmente constituye el casco antiguo de la ciudad, la zona que se encuentra dentro de la parte amurallada, destacando el trazado típico de las ciudades romanas tipo “hiberna” de contorno rectangular, con dos calles principales (“cardo” y “decumano”) que se cortan ortogonalmente en el centro donde estaba el Foro (situado éste en el actual “Mercado Chico”); actualmente este trazado aparece sólo parcialmente modificado, reconociéndose fácilmente antiguas entradas romanas en las puertas de San Vicente y Gonzalo Dávila, donde los cubos defensivos originales fueron conglobados en la muralla medieval, manteniéndose también las manzanas cuadrilongas recuerdo de las “insulae” romanas. Asimismo, la plaza del “Mercado Grande”, o “El Grande”, así como restos cerámicos, monedas y otros objetos arqueológicos que mos hablan de la vida cotidiana de la Ávila Romana.

Con la Reconquista, una vez conquistado el Reino de Toledo en 1085, Alfonso VI encomienda al Conde Don Raimundo de Borgoña la repoblación de la Extremadura Castellana, que incluía Segovia, Ávila y Salamanca, siendo durante este período medieval de cuando data la construcción de las impresionantes murallas que rodean el casco antiguo de la ciudad, verdadero emblema todopoderoso hoy que antaño sirviera para la defensa militar, cinturón sanitario, frontera fiscal y soporte de otras arquitecturas. Y es que uno de los atractivos más importantes de Ávila son las murallas medievales que nos dejó la Historia, unas murallas que se conservan en perfecto estado y que constituyen todo un espectáculo visual confrontadas con la cercana Sierra Paramera, especialmente de noche; una joya medieval que nos evoca tiempos de Caballeros, tiempos mágicos que pocos destinos nos pueden ofrecer en la actualidad como lo hace Ávila.

Pero será durante la época de los Reyes Católicos cuando Ávila adquiera peso y renombre, tanto político, cultural como económico. Efectivamente, durante los siglos XV y XVI, Ávila y la provincia prosperarán al ser lugar de paso hacia la Corte, ejemplo de lo cual fue el nacimiento durante este período de un gran número de personajes abulenses ilustres para la Historia, como fue el caso de Santa Teresa de Cepeda y Ahumada (“Santa Teresa de Jesús”) o el mismísimo San Juan de la Cruz, quien nació en Fontiveros, en la provincia de Ávila.

Sin embargo, con el fin del siglo XVI, Ávila experimentará un progresivo declive, al igual que la provincia, con una progresiva despoblación y aislamiento que, quizás, en cierto modo, ha resultado beneficioso a largo plazo, ya que Ávila pudo de esta forma conservar buena parte de su arquitectura histórica y sus tradiciones al permanecer alejada de la Revolución Industrial y del desarrollismo ulterior del franquismo, fenómenos que en otras ciudades, como por ejemplo en el caso de Valencia, costaron aquéllas el perder elementos arquitectónicos tan preciosos y preciados hoy como fueron sus murallas medievales. De esta forma, Ávila pudo atesorar en perfecto estado un pasado histórico y cultural que le ha permitido convertirse en Patrimonio de la Humanidad, algo que ha hecho de Ávila uno de los destinos turísticos de interior de primer orden en nuestro país.

Y, cómo no, son las murallas de Ávila uno de esos tesoros que nos ha legado la Historia y que la ciudad ha conservado durante siglos, regalándonos el mejor ejemplo de arquitectura militar del románico en España y modelo único de la arquitectura medieval europea. Un monumento que cuenta con 2,5 km de extensión, circundando el casco antiguo de la ciudad, contando con nueve puertas de entrada (Puerta del Alcázar, del Peso de la Harina, de San Vicente, del Mariscal, del Carmen, del Adaja, de la Malaventura, de la Santa y del Rastro), tres poternas, 88 torreones y una extensión de 33 hectáreas; un monumento que sorprende al viajero por sus dimensiones y perfecto estado y que debemos homenajear subiendo al adarve, algo que podemos hacer desde la Casa de las Carnicerías, la Puerta del Alcázar o desde el Arco del Carmen, desde donde podemos contemplar el paisaje urbano formado por torres y espadañas y el que nos ofrecen la Sierra de Ávila y el Valle Amblés.

La visita a las murallas medievales de Ávila constituye toda una experiencia, un viaje al pasado lleno de encanto que se acrecienta si la realizamos por la noche, ya que existen visitas teatralizadas desde finales de junio hasta principios de septiembre cuyo coste son 8€ por persona, un precio que se compensa sobradamente con el placer que supone disfrutar de la visita a este tesoro medieval que son las murallas de Ávila. En todo caso, si viajas a Ávila fuera de esas fechas, puedes realizar la visita durante el día en cualquier época del año por sólo 4€.

Pero Ávila encierra tras sus murallas muchísimos más tesoros, como es el caso de la Plaza del Alcázar, construcción militar de la que sólo se ha conservado parte de un muro de sillería y la puerta que se abre en la muralla, una de las más fuertes de la ciudad que fue reedificada en 1597 por orden de Felipe II.

A partir de la Plaza del Alcázar podemos acceder a la Plaza de Santa Teresa, conocida como “Mercado Grande”, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Las fuentes documentales y los restos arqueológicos confirman el uso de la misma desde épocas tempranas, como lugar de encuentro, de celebración de fiestas y mercados, hallándose también en este lugar la Iglesia de San Pedro, uno de los principales templos románicos de la ciudad.

Si seguimos por la Cuesta Antigua llegaremos a uno de los barrios más populares de la ciudad organizado en torno a la Ermita de Nuestra Señora de las Vacas, en la que pueden diferenciarse dos momentos constructivos distintos: uno inicial, que corresponde a la reedificación del cuerpo de la iglesia en 1469; y la capilla mayor levantada hacia 1583 de acuerdo con las mandas testamentarias de Alonso Díaz, con el retablo mayor dedicado a la Virgen fue realizado por Lucas Giraldo y Juan Rodríguez entre 1530 y 1531.

Seguidamente, llegaremos al Monasterio de Santo Tomás, donde se encuentra el palacio que los Reyes Católicos mandaron levantar organizado en torno al Patio de los Reyes, tercer claustro del monasterio. En parte de las dependencias palatinas se ha instalado un Museo de Arte Oriental. En 1504 se fundó en Santo Tomás un Estudio General. En la Universidad de Santo Tomás estudió, entre otros, Gaspar Melchor de Jovellanos.

Pero volviendo al “Mercado Grande”, en su lado meridional se encuentra la Iglesia de la Magdalena, un templo de origen románico que fue transformado en el siglo XVI y que forma parte del Convento de Madres Concepcionistas, cuyo interior fue utilizado como corral de comedias. Igualmente, desde esta zona podemos visitar el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, la Iglesia de Santiago y la Iglesia de San Nicolás.

Si partimos de la Puerta del Alcázar llegaremos al Paseo del Rastro, en un recorrido en el que se nos irá descubriendo Ávila como una ciudad de palacios. Efectivamente, en la Plazuela del Rastro nos sitúa en un espacio medieval presidido por las Casas del Marqués de las Navas, formada por varias edificaciones que se extienden hasta la plaza de Pedro Dávila, plaza en la cual encontramos la Casa de Diego Salcedo, de la que se conserva un singular patio y un zaguán con el poyo que servía para montar y desmontar del caballo.

Siguiendo esa misma ruta podemos llegar a la Plaza del Teniente Arévalo, donde se encuentra el Palacio Episcopal y la iglesia de San Ignacio de Loyola, cuyos muros evidencian su relación cronológica y estilística con el Palacio del Marqués de las Navas. Y, saliendo de la plaza, merece la pena detenerse en las casas modernistas, levantadas por la burguesía abulense. Así, siguiendo por la Calle Alemania llegamos hasta la Plaza de la Catedral, donde podemos contemplar: la Casa del Licenciado Pacheco (rehabilitada y conocida hoy como “Casa de las Aguas”) que presenta las características de la arquitectura de fines del XVI, con un patio irregular, contando con una sala de exposiciones abovedada; el Palacio de Velada, transformado en hotel y en el que destacan tanto su potente torre, su patio y la portada que se abre en la Calle del Tostado y la Casa de Gómez Dávila o Palacio de Valderrábanos, también establecimiento hotelero, de la que sólo se conservan su portada gótica del siglo XV con decoración figurada y el cuerpo de su torre que fue rehecha en 1877.

Published by