Destinos de interior: Arenas de San Pedro

Dejamos Extremadura y nos vamos a Castilla y León; en concreto, nos vamos a la provincia de Ávila, donde encontramos un nuevo destino de interior lleno de encanto llamado Arenas de San Pedro, la capital de la Comarca del Valle del Tiétar (también llamada “Comarca de Arenas de San Pedro”), valle regado por el Río Tiétar que nace en la cercana Sierra de Gredos, un atractivo más para que pongamos rumbo a esta pequeña localidad situada al sur de la provincia de Ávila.

Con apenas 7.000 habitantes, Arenas de San Pedro comprende también las localidades de Hontanares, La Parra y Ramacastañas, lugares que añaden sus propios atractivos a los que, de por si, ya cuenta el propio Arenas de San Pedro, unos atractivos que nos trasladan a la Edad Media, momento histórico en el que podemos ubicar el origen de este destino que os proponemos ahora para vuestras próximas vacaciones o, sencillamente, para una corta escapada.

Efectivamente, aunque en la zona se han encontrado restos de asentamientos prehistóricos, lo cierto es que es a finales del siglo XIV cuando podemos decir que nos encontramos ante el nacimiento de Arenas de San Pedro como tal, siendo en este período cuando se construyen los edificios más emblemáticos de la localidad: el Castillo, la Iglesia y el Puente de Aquelcabo, hoy conocido como “Puente viejo”. A partir de ahí, Arenas de San Pedro comenzará a cobrar importancia política y económica, lo que se reflejará en la construcción de edificios tan emblemáticos como la Ermita del Cristo de los Regajales o la Real Capilla del Santuario de San Pedro de Alcántara, así como el inacabado Palacio en La Mosquera, lugar éste último que atrajo a numerosos artistas de todos los campos por la grandiosidad del proyecto, como fue el caso de Boccherini o del mismísimo Goya.

Pero el verdadero punto de inflexión en la historia de Arenas de San Pedro se producirá en el siglo XVII, con la beatificación de Fray Pedro de Alcántara el año 1622. Hasta entonces, Arenas de San Pedro se llamaba simplemente “Arenas”, siendo a partir de aquella fecha cuando se coloque la población bajo la protección del Beato, proclamándolo su Patrón y siendo canonizado en 1669, año en el cual Arenas pasa a llamarse “Arenas de San Pedro”. De esta forma, es fácil comprender la especial vinculación de esta localidad el Santo San Pedro de Alcántara, una figura omnipresente que llega al punto de ensombrecer a la menos conocida Patrona de Arenas de San Pedro la Virgen del Pilar, la cual tiene su propia fiesta patronal en una fecha un tanto extraña, el 8 de septiembre, fecha que difiere de la tradicional y común del 12 de octubre.

Actualmente, Arenas de San Pedro atesora la religiosidad que predica su nombre en numerosos edificios y templos religiosos, como es el caso de la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción (de la que se dice que tiene “aires de catedral”), la Iglesia, Monasterio y Museo de San Pedro de Alcántara (donde se encuentran los restos de San Pedro de Alcántara), la Iglesia de San Juan Bautista, la Iglesia-Convento de las Carmelitas Descalzas, la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia parroquial de San Pedro “Ad Vincula” (situada en La Parra), la Iglesia del Rosario (situada en Ramacastañas), la Iglesia del Cristo de la Luz (situada en Hontanares) o el caso especialmente cargado de simbolismo de los restos de la Iglesia Monasterio de El Alto de San Agustín, templo que fue destruido durante la invasión napoleónica cuando los franceses incendian la ciudad como represalia por la muerte de 24 soldados que habían sido asesinados al realizar una expedición en busca de víveres; en la represalia degüellan a más de 30 personas en distintos lugares de la ciudad, saquean la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y múltiples viviendas, e incendian los conventos de los Agustinos; la ciudad queda desolada pues se han destruido con fuego, además del Ayuntamiento, más de 300 casas.

Todo ese fervor religioso que exhibe con orgullo Arenas de San Pedro se resume en su “Cruz del Mentidero”, una cruz juradera, testigo mudo de contratos en las jornadas de ferias ganaderas y que hoy recibe al viajero en la rotonda del castillo junto al puente dirección Guisando-El Hornillo y El Arenal. Reconstruida recientemente, aún conserva gran parte de su estructura original.

Igualmente, legado de ese fervor religioso que ha caracterizado a Arenas de San Pedro son los testigos del pasado en forma de ruinas que representan la Ermita de San Andrés y la de Llanos, quedando sólo en pie la Ermita del Cristo de los Regajales, situada en la calle Carrellana, en el arranque del antiguo camino de Sabina que conducía a Ramacastañas y Talavera, cuya finalidad era la de permitir a los caminantes que hiciesen, frente a ella, las oraciones imprecatorias cuando emprendían los viajes y las de agradecimiento por la feliz tornada.

Pero, junto a los edificios religiosos, conviene, sin duda, destacar otros edificios y monumentos que la Historia ha legado a Arenas de San Pedro, entre los que destaca sobremanera el Castillo del Condestable Dávalos (también llamado “Castillo de la Triste Condesa” o “Castillo de Don Álvaro de Luna”). Este castillo se construye bajo los auspicios del Buen Condestable Ruy López Dávalos. Incendiado el Castillo durante las diferentes guerras, se conserva (con trabajo de restauración) gran parte del mismo. Sirvió de prisión y de cementerio. Ahora es auditorio municipal, museo y sala de exposiciones y congresos, habiendo sido declarado Monumento Histórico Artístico en 1931.

Destaca también el Palacio del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio (hermano de Carlos III). El carácter ilustrado del Infante le permitió poseer una excelente biblioteca, un gabinete de Ciencias Naturales y una notable pinacoteca; de acuerdo con la importancia de la pintura como medio para pasar a la posteriodad, hizo venir a Francisco de Goya para retratar a los miembros de la familia tanto de forma individual como colectiva en un cuadro de grandes proporciones, cuadro que actualmente pertenece a la “Fundación Magnani Roca”, de Parma, Italia (también pintó el Retrato de Dª Mª Teresa de Villábriga y el Retrato del Infante). Por su afición a la música tenía una orquesta de cámara al frente de la cual estuvo Luigi Boccherini, período durante el cual el compositor italiano compondrá la mayoría de su peculiar colección de quintetos de cuerda con dos violoncelos, así como numerosos cuartetos, sinfonías, tríos, etc., una primera versión de su Stabat Mater y nueve Villancicos.

Por su ubicación, en lo alto de Las Mosquera, desde el Palacio del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio se contempla una amplia panorámica hacia el sur, en primer término todo el caserío urbano del pueblo, y, por la parte de atrás las bravías crestas serranas y los verdes pinares que tanta atracción ejercían sobre el Infante por ser sumamente aficionado a la caza.

Published by