Documentación necesaria para viajar a Brasil

Brasil endurece los requisitos de entrada

Brasil anunció en febrero de 2012 el endurecimiento de los requisitos de entrada para los españoles en el país, algo que se ha confirmado desde el pasado 2 de abril, día a partir del cual los españoles que quieran viajar a Brasil deberán cumplir unos requisitos adicionales de entrada y estancia.

En concreto, los españoles deberán aportar, además del pasaporte, billete de ida y vuelta, un comprobante de medios económicos suficientes (unos 80 € diarios) y una carta de invitación de un residente en la ciudad de destino, en la que conste el plazo de estancia, compulsada ante notario si el alojamiento es en una vivienda privada, documentos todos ellos debidamente legalizados. Para comprobar esta solvencia, será preciso presentar la tarjeta de crédito y su última factura para que se pueda verificar el límite. En caso de alojamiento en un hotel, será preciso el documento de reserva pagada. También puede ser precisa una prueba documental de excursiones reservadas si han sido contratadas con antelación.

El Gobierno de Brasil ha adoptado estas medidas más rígidas en reciprocidad con los requisitos que España exige a los ciudadanos de este país en aplicación de las normas establecidas por la UE para acceder a los países del Espacio Schengen, zona sin fronteras interiores que permite la libertad de movimientos. Para entender la decisión de las autoridades brasileñas deberemos de hacer un pequeño repaso de los hechos que han conducido a esta situación.

Los ciudadanos brasileños para poder entrar en cualquiera de los países del espacio Schengen necesitaban, además de su pasaporte en vigor, carta de invitación o reserva de hotel, solvencia económica para la estancia prevista y seguro de viaje obligatorio, requisitos que no eran impuestos por España, sino por las autoridades comunitarias, lo mismo que ocurre con los nacionales de aquellos países a los que se exige visado, imposición ésta procedente de las autoridades comunitarias, no de España.

Como quiera que las autoridades europeas vigilan los flujos migratorios a través de las fronteras de los diferentes países comunitarios, exigieron a las autoridades españolas que aumentaran su celo en los controles fronterizos, por ser España puerta de entrada principal de la inmigración procedente de Hispanoamérica, inmigración que se estaba disparando en los últimos años. En respuesta a esas demandas comunitarias, España durante el año 2008 rechazó a numerosos viajeros procedentes del otro lado del Atlántico, incluidos brasileños, siendo que en muchas de las ocasiones se rechazaba en frontera a viajeros que cumplían con todos los requisitos exigidos para entrar en el espacio Schengen.

Así, argentinos, peruanos, colombianos y un largo etcétera, iban siendo rechazados en la frontera española y deportados a sus países de origen, muchas veces con justificación, pero otras veces sin constancia de ella, a lo que se unía el supuesto maltrato a los deportados por parte de la policía española. En cualquier caso, el único país que decidió tomar medidas fue Brasil, que anunció la exigencia de los requisitos arriba apuntados a los ciudadanos españoles que pretendieran viajar a Brasil como medida de protesta en reciprocidad a las exigencias del espacio Schengen para sus nacionales. Sin embargo, curiosamente, tales exigencias sólo se han establecido para los ciudadanos españoles, pero no así para los nacionales del resto de países firmantes del Acuerdo Schengen.

Por ello, la decisión de Brasil ha de encuadrarse más en el marco de una medida de presión y de protesta que otra cosa, en respuesta al celo de las autoridades españolas para con sus nacionales en el control de fronteras, algo especialmente trascendente ante los importantes acontecimientos deportivos de los próximos años (Juegos Olímpicos y Mundial de Fútbol) que harán que Brasil reciba millones de visitantes, entre ellos españoles.

En cualquier caso, sea como fuere y las razones de Brasil para adoptar esa medida contra los ciudadanos españoles, lo cierto es que para viajar a Brasil, por ahora, se endurecen los requisitos de entrada y se equiparan a los que el espacio Schengen exige a sus nacionales. Las nuevas reglas convierten a Brasil en uno de los países de Iberoamérica donde los requisitos de entrada para los turistas españoles son más estrictos, junto con Cuba, Venezuela y Panamá, según informa el Ministerio de Asuntos Exteriores español, Ministerio que ha alegado siempre que los criterios aplicados con los viajeros brasileños son los mismos que adoptan otros socios europeos.

Sin embargo, Brasil no sufrirá el impacto de los turistas españoles

No obstante, el impacto en los turistas españoles no va a resultar excesivo, ya que Brasil no es uno de los destinos especialmente preferidos por los españoles en Iberoamérica, a diferencia de lo que ocurre en el caso de Cuba, a lo que se une el hecho de que el país Carioca es uno de los lugares más inseguros del Mundo y no resulta especialmente recomendable como destino turístico. En todo caso, la celebración de los próximos Juegos Olímpicos y del Mundial de Fútbol tampoco afectará a la mayoría de los españoles que viajen a Brasil si cuentan con reservas de hotel y recursos suficientes por día, ya que en tal caso escaparán de la exigencia de la carta de invitación. Fuera de esos dos acontecimientos deportivos, lo cierto es que en Hispanoamérica existen otros destinos mucho más apetecibles que Brasil y, desde luego, bastante más seguros.

¿Es buen momento para viajar a Argentina?

Los recientes acontecimientos en Argentina contra intereses españoles (la expropiación de las acciones de la española REPSOL en la porteña YPF, por ejemplo) nos llevan a plantearnos esta pregunta ante una creciente espiral antiespañola que se está viviendo en el país argentino, orquestada claramente desde el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner que está apuntando directamente contra los españoles en una estrategia populista, típicamente peronista, en la que es necesario buscar un enemigo exterior para justificar las consecuencias económicas de una desastrosa política interior en todos los órdenes.

España afectada por las decisiones de Argentina

Ahora le ha tocado a los españoles, pero hace unos meses le volvió a tocar a los británicos con el manido tema de Las Malvinas y el reclamo de su soberanía por parte de Argentina, un reclamo que, curiosamente, se reaviva en los tiempos de crisis del país porteño de forma recurrente y que llegó a conducir a Argentina a una guerra en 1982 con Gran Bretaña que condujo a los argentinos al desastre. Y es que, con aquellos antecedentes frente a uno de los ejércitos más poderosos del Planeta, Cristina Fernández pronto envainó la espada contra el inglés para apuntar hacia otro objetivo más seguro y fácil de lograr: los intereses españoles en Argentina.

No cabe duda de que Argentina puede hacer de su capa un sayo con sus recursos naturales, estando en todo el derecho para hacer lo que ha hecho. Sin embargo, no es menos cierto que la intervención de YPF se ha hecho de la forma menos apropiada y con un claro talante agresivo exclusivamente hacia REPSOL por ser española. Ahora no son ni los “yanquis” ni los ingleses: son los españoles. Pudiendo haber hecho una “OPA” para adquirir el capital de REPSOL, que es como actúan los países civilizados, o pudiendo haber expropiado parte de las acciones de REPSOL y parte de las acciones de, por ejemplo, la Familia Eskenazi, lo cierto es que la Presidenta de Argentina optó por lo más populista que era acusar de todos los males energéticos de Argentina a REPSOL y a los españoles (ampliamente calificados como “colonialistas” en los cenáculos kirchneristas en los últimos días), todo ello aderezado con burlas hacia las instituciones españolas y el maltrato hacia los empleados de REPSOL, expulsados como delincuentes de la sede de YPF horas después de la expropiación.

 

Y es que el matonismo del que hace gala Cristina Fernández, equiparable al de Chávez en Venezuela, necesita de un chivo expiatorio que en estos momentos es España, algo que amenaza con aumentar dado que los intereses empresariales españoles en Argentina son muchos (España es el país con más inversiones en el país porteño) y la errática y desastrosa política económica y social de la Presidenta Argentina necesita de más dinero para subsidiar un país que se dirige inexorablemente a la ruina. Así pues, España y los españoles están en el punto de mira del peronismo y de sus jóvenes cachorros agrupados en “La Cámpora”, una oscura organización juvenil equiparable en sus modos y formas a las “SA” de la Alemania nazi, con una cabeza visible llamada Áxel Kicillof, un joven Viceministro de Economía, de claras convicciones marxistas y cuyo único mérito en política económica ha sido arruinar a “Aerolíneas Argentinas” tras robárselas directamente al español “Grupo Marsans”. Y es que de robo se puede hablar sin temor a equivocarse, tal y como lo hace el contundente editorial de “The Wall Street Journal”, un robo y un expolio en una historia de mentiras oficiales, tantas veces repetidas en la historia Argentina y que hoy tiene como víctima a los españoles como cabezas de turco del momento.

Se ha dicho desde el oficialismo argentino que la expropiación de REPSOL se justifica por la falta de inversiones de la compañía española y el vaciamiento de YPF, repartiéndose beneficios desde REPSOL sin reinvertir, afirmaciones que ocultan la verdad de un país acostumbrado a la corrupción y al pillaje como enseña y costumbre de sus políticos. De no haberse invertido en tecnología no se hubiesen descubierto yacimientos como el goloso “Vaca Muerta”, ocultándose al mismo tiempo que fue la Familia Kirchner la que obligó a REPSOL a destinar el 90% de sus beneficios a dividendos para enriquecer a sus buenos amigos los Eskenazi. Toda una historia de corrupción y expolio institucional a los argentinos que no es ajeno a la Historia del país.

Así las cosas, la deriva populista y nacionalista de Argentina que ha situado en su punto de mira a los españoles, desaconseja en todo punto, por lo menos durante algún tiempo, a viajar a aquel país, un país, por lo demás, en el que el desavastecimiento alimentario, el incremento de la delincuencia callejera y de la violencia, la asistencia sanitaria de mala calidad, la escalada inflacionista y de precios de una economía que se acerca a pasos agigantados a la de la Cuba de los Castro, y en el que, desde luego, los españoles son cada vez menos bienvenidos.

En cualquier caso, existen otros destinos muy cerca de Argentina y de gran atractivo, como es el caso, por ejemplo, de Chile o Perú, países en los que los españoles no somos utilizados con fines políticos ni se fomenta el odio contra nosotros. Habrá que esperar acontecimientos, pero, por lo pronto, no resulta recomendable viajar a Argentina en estos momentos, un país carente de seguridad jurídica y en el que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, especialmente si se es español; podemos vernos atrapados en una desagradable situación que es más que recomendable evitar a la vista de la Historia reciente de un país convulso y especialmente inestable.

¿Es seguro viajar a Marruecos?

No cabe duda de que Marruecos es un destino turístico con luces y sombras: es uno de los destinos preferidos por la magia y encanto que encierran los países de tradición islámica, al tiempo que, esa misma tradición, encierra ese temor a lo desconocido que presenta siempre una cultura diferente, algo que, paradójica mente, parece acrecentar sus encantos.

Efectivamente, Marruecos transporta nuestra imaginación a otros mundos, mundos de mil y una noches, de tejidos vaporosos mecidos por la brisa nocturna del desierto, de sonidos de muecines lejanos llamando a la oración, de bulliciosos mercados nocturnos llenos de aromas espaciados y de sonidos sugerentes que nos invitan a recorrer las callejuelas llenas de encantos y, por qué no, de indefinidos al tiempo que atractivos peligros. Marruecos, con ciudades como Marrakech es siempre un destino mágico, encantador, sorprendente y sorprendente, no exento de peligros que son, generalmente, más o menos aceptados como parte de su encanto.

Está claro que cuando se decide realizar un viaje a Marruecos, se tienen en cuenta los contras propios de un país instalado en la picaresca: pequeños robos, la necesidad del regateo, el relativo riesgo de apostar por un guía callejero local, la aventura de montarse en un taxi, la necesidad de las propinas para conseguir la mejor fotografía, el obligado “desgaste de moneda” si decidimos cambiarla en un cambista callejero, … Una picaresca que nos hace subir la adrenalina como parte del encanto de un destino que convierte la “magamat” heredada del siglo XII en uno de sus reclamos turísticos implícitos, no confesado en los folletos que nos entregan en las agencias de viajes, pero que, sin duda, se tiene siempre presente a la hora de elegir Marruecos como destino turístico para nuestras vacaciones, una picaresca que le añade un encanto especial, común por lo demás a todos los países del Magreb.

Ahora bien, en los últimos tiempos ese riesgo controlado y, hasta cierto punto, encantador, se está rompiendo de la mano de otro riesgo menos entrañable como es el del terrorismo islámico. Es cierto que Marruecos añade un plus de seguridad a otros destinos también azotados por la lacra del terrorismo integrista, pero no es menos cierto que la presencia de grupos vinculados con “Al Qaeda”, si bien no tan organizados ni amenazadores como en otros lugares de la zona, comienza a ser preocupante y, desde luego, da pie a plantearse si Marruecos es ya un destino tan apetecible como antaño.

Atentados como el de Casablanca de 2003 son escasos en Marruecos, pero el riesgo existe ciertamente, ejemplo de lo cual es la desarticulación desde entonces de unas 60 células terroristas dispuestas a atentar contra extranjeros, la mayoría de las veces en atentados suicidas, desarticulaciones a las que se suma la reciente de 18 miembros que estaban a punto de perpetrar un gran atentado en aquel país, así como la de 11 miembros de un grupo terrorista “takfiri” que estaban a punto de perpetrar varios atentados y que, felizmente, fueron detenidos en mayo de este mismo año. Efectivamente, pocos atentados, pero, como contrapartida, un gran número de células llamadas “durmientes” o, lo que es más peligroso, totalmente operativas y listas para actuar cuyo objetivo principal son los extranjeros occidentales, especialmente turistas.

Realmente son datos inquietantes que hacen plantearse el elegir a Marruecos como destino turístico, un destino hasta 2003 que parecía inmune a la corriente “yihadista” que ha venido instalándose en la mayoría de los países de tradición islámica. Efectivamente, las autoridades alauitas se congratulaban, y con razón, de que su territorio era inmune a las corrientes “yihadistas” que proliferaban de forma alarmante en otros territorios próximos, inmunidad que, sin embargo, desapareció en 2003 en Casablanca, dando lugar a la aparición de los primeros grupos terroristas inspirados en la “Salafiya yihadia”, una corriente ideológica que los hermanaba siguiendo la estela de “Al Qaeda” y que, cómo no, presenta como objetivo terrorista más cercano y fácil de golpear a la mayor fuente de ingresos de Marruecos: el turismo.

No cabe duda de que Marruecos, si lo comparamos con otros destinos de la zona, continúa siendo una opción segura, pero no es menos cierto que este país también se ha convertido en uno de los destinos preferidos por la ideología “yihadista”, estableciéndose en el mismo todo un entramado de grupos con fines terroristas que obligan al viajero a tener en cuenta una serie de recomendaciones de seguridad a la hora de viajar a Marruecos, recomendaciones entre las que destaca el evitar las grandes aglomeraciones de gente o grupos de turistas, objetivos ideales para los terroristas por su gran impacto mediático en occidente.

En todo caso, hoy día ninguna parte del Mundo está exenta de sufrir atentados terroristas, aunque siempre es conveniente tener una serie de prevenciones mayores en el caso de destinos como Marruecos, un país que, por lo demás, a pesar de todo, continúa conservando el encanto y la magia de que siempre ha hecho gala, transportándonos a mundos de ensueño de los que ya quedan pocos, evocándonos una suerte de contrastes, de aromas y sabores primitivos, pero sofisticados al tiempo, que lo convierten en un destino irresistible a pesar de todo, un destino en el que las tradiciones y los orígenes más auténticos continúan estando a flor de piel, enamorando a todo el que lo visita.