Lugares interesantes para visitar en Irlanda que no puedes perderte

Irlanda puede ser una isla relativamente pequeña, pero tiene una historia larga y rica y una economía moderna, vibrante, angloparlante de la Eurozona, con estrechas relaciones sociales y económicas tanto con Estados Unidos como con el Reino Unido. Esta combinación única le da escasez de lugares interesantes para visitar en Irlanda.

¿Qué estás buscando?

Como con cualquier destino turístico, lo que encontrarás interesante dependerá de qué tipo de experiencia quieres disfrutar.

¿Compras, vida nocturna y turismo general? Prueba las ciudades de Irlanda

  • La ciudad de Dublín es el punto de llegada para la mayoría de los visitantes a Irlanda, y es donde una cuarta parte de la población del país vive, come, hace compras, trabaja y juega.
  • Cork es la segunda ciudad más grande de Irlanda y es a veces llamada la Ciudad Rebelde.
  • Galway es la ciudad bohemia del país, un vibrante centro de artes, música y cultura, popular entre aquellos que buscan una parte relajada de la vida irlandesa.
  • Belfast, una vez asociado con la violencia política, es ahora un lugar popular de la ciudad, con sus murales, Barrio Titanic y creciente reputación gastronómica.
  • Derry / Londonderry es la segunda ciudad de Irlanda del Norte, famosa por su antiguo muro y atracciones como el Guildhall.
  • Killarney — mientras que es una ciudad relativamente pequeña, Killarney es la puerta de enlace a la increíblemente popular, y espectacularmente hermosa, Ring of Kerry.

Ciudades menos conocidas

Algunas ciudades menos conocidas pero altamente recomendadas incluyen:

  • Kilkenny — con sus muchas calles medievales, edificios y castillo, esta ciudad tiene un encanto especial.
  • Sligo — una ciudad a menudo pasada por alto, pero la ciudad bonita y vibrante en un lugar realmente hermoso en la costa noroeste de Irlanda.
  • Kinsale — Capital gastronómica de Irlanda, este bonito puerto de Cork tiene muchos excelentes restaurantes y pubs.
  • Armagh — una vez que el asiento de gran parte del poder en una Irlanda medieval, esta ciudad de Irlanda del Norte sigue siendo dominado por sus catedrales gemelas.
  • Westport — un retiro popular para los nativos irlandeses, los innumerables pubs y tiendas encantadores de Westport parecen haberse congelado en el tiempo.
  • Waterford — una vez una antigua ciudad vikinga, ahora una ciudad ocupada con una enorme playa cercana.
  • Limerick — La tercera ciudad más grande de Irlanda, con muchas atracciones finas, notablemente el castillo del rey Juan y el museo de la caza.

¿Buscas paisajes?

  • El Burren — la combinación de este paisaje kárstico inusual, ondulante con su ubicación costera rural y aislada dan a la región de Burren en el condado de Clare una sensación extraterrestre.
  • Acantilados de Moher — estos espectaculares acantilados en el sureste de Irlanda atraen a cientos de miles de visitantes cada año, y una sola visita al paisaje dramático explicará por qué.
  • Giant’s Causeway — esta extraña formación costera en el condado de Antrim, Irlanda del Norte, contiene un enorme grupo de columnas de forma octogonal, y los visitantes suelen pasar de un octógono plano a la siguiente.
  • Connemara — El oeste salvaje de Irlanda, Connemara es una región virgen de la belleza natural cruda en el condado Galway, en donde la lengua irlandesa (gaélico) todavía se habla.
  • El anillo de Kerry — una de las caminatas más populares en Irlanda, pero por una buena razón, esta ruta costera está llena de paisajes impresionantes y sitios del patrimonio antiguo.
  • La península de Dingle — similar al anillo de Kerry pero ligeramente más salvaje en su belleza cruda, éste es otro bucle famoso de la carretera situado en el condado hermoso Kerry.
  • Donegal — “ni el norte ni el sur”, como dicen sus habitantes, el condado de Donegal está enclavado entre Irlanda e Irlanda del Norte, con un paisaje rural salvaje todo de su propio.

¿Buscas castillos?

Irlanda es famosa por sus castillos. Si bien hay cientos de ellos en todo el país, los más conocidos son:

  • Castillo de Cashel — también conocido como la Roca de Cashel desde que se construye sobre una roca gigante, este impresionante castillo fue una vez la sede del Gran Rey de Irlanda
  • Castillo de Bunratty — si usted está volando en el aeropuerto de Shannon, las ocasiones son usted son primer puerto de la llamada serán cerca castillo de Bunratty, que se ha preservado fantásticamente en un estado medieval, y ofrece banquetes regulares
  • Castillo de Blarney — no se puede perder, aquí es donde se llega a besar la piedra Blarney
  • Malahide Castillo — una visita obligada si te alojas más de un día en Dublín, este encantador castillo a sólo 30 minutos en tren del centro de la ciudad ha sido bellamente mantenido y restaurado
  • Castillo de Ross — un castillo hermoso, ligeramente que se desmorona en la orilla de los lagos de Killarney, Ross es una tarjeta postal irlandesa castillo

Destinos de interior: Ávila

Concluimos la serie de “Viaje Noticias” dedicada a destinos de interior para este verano sin salir de la provincia de Ávila. Efectivamente, de Arenas de San Pedro nos vamos a la capital de la provincia y nos instalamos en Ávila capital, una de las ciudades más bellas y con más encanto de Castilla y León, que nos recibe con sus impresionantes murallas medievales que encierran toda la magia y la mística de una ciudad imprescindible en nuestro periplo por el interior de la geografía española.

Patrimonio artístico, histórico, cultura, tradiciones, cultura, gastronomía, naturaleza, …; Ávila ofrece al viajero un amplísimo elenco de atractivos que corvierten a esta ciudad en una de las joyas turísticas de interior más preciadas de nuestro país, joya declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985 e integrada desde 2005 en la “Red de Juderías Españolas”; una joya con todo el sabor medieval que os descubrimos en este artículo.

Aunque el nombre de la ciudad tiene su origen en los pueblos y tribus que han habitado durante milenios la provincia, fueron los romanos los que oficialmente le dieron la denominación de “Abila” o “Abela”, siendo éstos los que conformaron la estructura arquitectónica y fortificada de la ciudad que ha perdurado hasta nuestros días. Así, los romanos dejaron su huella en lo que actualmente constituye el casco antiguo de la ciudad, la zona que se encuentra dentro de la parte amurallada, destacando el trazado típico de las ciudades romanas tipo “hiberna” de contorno rectangular, con dos calles principales (“cardo” y “decumano”) que se cortan ortogonalmente en el centro donde estaba el Foro (situado éste en el actual “Mercado Chico”); actualmente este trazado aparece sólo parcialmente modificado, reconociéndose fácilmente antiguas entradas romanas en las puertas de San Vicente y Gonzalo Dávila, donde los cubos defensivos originales fueron conglobados en la muralla medieval, manteniéndose también las manzanas cuadrilongas recuerdo de las “insulae” romanas. Asimismo, la plaza del “Mercado Grande”, o “El Grande”, así como restos cerámicos, monedas y otros objetos arqueológicos que mos hablan de la vida cotidiana de la Ávila Romana.

Con la Reconquista, una vez conquistado el Reino de Toledo en 1085, Alfonso VI encomienda al Conde Don Raimundo de Borgoña la repoblación de la Extremadura Castellana, que incluía Segovia, Ávila y Salamanca, siendo durante este período medieval de cuando data la construcción de las impresionantes murallas que rodean el casco antiguo de la ciudad, verdadero emblema todopoderoso hoy que antaño sirviera para la defensa militar, cinturón sanitario, frontera fiscal y soporte de otras arquitecturas. Y es que uno de los atractivos más importantes de Ávila son las murallas medievales que nos dejó la Historia, unas murallas que se conservan en perfecto estado y que constituyen todo un espectáculo visual confrontadas con la cercana Sierra Paramera, especialmente de noche; una joya medieval que nos evoca tiempos de Caballeros, tiempos mágicos que pocos destinos nos pueden ofrecer en la actualidad como lo hace Ávila.

Pero será durante la época de los Reyes Católicos cuando Ávila adquiera peso y renombre, tanto político, cultural como económico. Efectivamente, durante los siglos XV y XVI, Ávila y la provincia prosperarán al ser lugar de paso hacia la Corte, ejemplo de lo cual fue el nacimiento durante este período de un gran número de personajes abulenses ilustres para la Historia, como fue el caso de Santa Teresa de Cepeda y Ahumada (“Santa Teresa de Jesús”) o el mismísimo San Juan de la Cruz, quien nació en Fontiveros, en la provincia de Ávila.

Sin embargo, con el fin del siglo XVI, Ávila experimentará un progresivo declive, al igual que la provincia, con una progresiva despoblación y aislamiento que, quizás, en cierto modo, ha resultado beneficioso a largo plazo, ya que Ávila pudo de esta forma conservar buena parte de su arquitectura histórica y sus tradiciones al permanecer alejada de la Revolución Industrial y del desarrollismo ulterior del franquismo, fenómenos que en otras ciudades, como por ejemplo en el caso de Valencia, costaron aquéllas el perder elementos arquitectónicos tan preciosos y preciados hoy como fueron sus murallas medievales. De esta forma, Ávila pudo atesorar en perfecto estado un pasado histórico y cultural que le ha permitido convertirse en Patrimonio de la Humanidad, algo que ha hecho de Ávila uno de los destinos turísticos de interior de primer orden en nuestro país.

Y, cómo no, son las murallas de Ávila uno de esos tesoros que nos ha legado la Historia y que la ciudad ha conservado durante siglos, regalándonos el mejor ejemplo de arquitectura militar del románico en España y modelo único de la arquitectura medieval europea. Un monumento que cuenta con 2,5 km de extensión, circundando el casco antiguo de la ciudad, contando con nueve puertas de entrada (Puerta del Alcázar, del Peso de la Harina, de San Vicente, del Mariscal, del Carmen, del Adaja, de la Malaventura, de la Santa y del Rastro), tres poternas, 88 torreones y una extensión de 33 hectáreas; un monumento que sorprende al viajero por sus dimensiones y perfecto estado y que debemos homenajear subiendo al adarve, algo que podemos hacer desde la Casa de las Carnicerías, la Puerta del Alcázar o desde el Arco del Carmen, desde donde podemos contemplar el paisaje urbano formado por torres y espadañas y el que nos ofrecen la Sierra de Ávila y el Valle Amblés.

La visita a las murallas medievales de Ávila constituye toda una experiencia, un viaje al pasado lleno de encanto que se acrecienta si la realizamos por la noche, ya que existen visitas teatralizadas desde finales de junio hasta principios de septiembre cuyo coste son 8€ por persona, un precio que se compensa sobradamente con el placer que supone disfrutar de la visita a este tesoro medieval que son las murallas de Ávila. En todo caso, si viajas a Ávila fuera de esas fechas, puedes realizar la visita durante el día en cualquier época del año por sólo 4€.

Pero Ávila encierra tras sus murallas muchísimos más tesoros, como es el caso de la Plaza del Alcázar, construcción militar de la que sólo se ha conservado parte de un muro de sillería y la puerta que se abre en la muralla, una de las más fuertes de la ciudad que fue reedificada en 1597 por orden de Felipe II.

A partir de la Plaza del Alcázar podemos acceder a la Plaza de Santa Teresa, conocida como “Mercado Grande”, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Las fuentes documentales y los restos arqueológicos confirman el uso de la misma desde épocas tempranas, como lugar de encuentro, de celebración de fiestas y mercados, hallándose también en este lugar la Iglesia de San Pedro, uno de los principales templos románicos de la ciudad.

Si seguimos por la Cuesta Antigua llegaremos a uno de los barrios más populares de la ciudad organizado en torno a la Ermita de Nuestra Señora de las Vacas, en la que pueden diferenciarse dos momentos constructivos distintos: uno inicial, que corresponde a la reedificación del cuerpo de la iglesia en 1469; y la capilla mayor levantada hacia 1583 de acuerdo con las mandas testamentarias de Alonso Díaz, con el retablo mayor dedicado a la Virgen fue realizado por Lucas Giraldo y Juan Rodríguez entre 1530 y 1531.

Seguidamente, llegaremos al Monasterio de Santo Tomás, donde se encuentra el palacio que los Reyes Católicos mandaron levantar organizado en torno al Patio de los Reyes, tercer claustro del monasterio. En parte de las dependencias palatinas se ha instalado un Museo de Arte Oriental. En 1504 se fundó en Santo Tomás un Estudio General. En la Universidad de Santo Tomás estudió, entre otros, Gaspar Melchor de Jovellanos.

Pero volviendo al “Mercado Grande”, en su lado meridional se encuentra la Iglesia de la Magdalena, un templo de origen románico que fue transformado en el siglo XVI y que forma parte del Convento de Madres Concepcionistas, cuyo interior fue utilizado como corral de comedias. Igualmente, desde esta zona podemos visitar el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, la Iglesia de Santiago y la Iglesia de San Nicolás.

Si partimos de la Puerta del Alcázar llegaremos al Paseo del Rastro, en un recorrido en el que se nos irá descubriendo Ávila como una ciudad de palacios. Efectivamente, en la Plazuela del Rastro nos sitúa en un espacio medieval presidido por las Casas del Marqués de las Navas, formada por varias edificaciones que se extienden hasta la plaza de Pedro Dávila, plaza en la cual encontramos la Casa de Diego Salcedo, de la que se conserva un singular patio y un zaguán con el poyo que servía para montar y desmontar del caballo.

Siguiendo esa misma ruta podemos llegar a la Plaza del Teniente Arévalo, donde se encuentra el Palacio Episcopal y la iglesia de San Ignacio de Loyola, cuyos muros evidencian su relación cronológica y estilística con el Palacio del Marqués de las Navas. Y, saliendo de la plaza, merece la pena detenerse en las casas modernistas, levantadas por la burguesía abulense. Así, siguiendo por la Calle Alemania llegamos hasta la Plaza de la Catedral, donde podemos contemplar: la Casa del Licenciado Pacheco (rehabilitada y conocida hoy como “Casa de las Aguas”) que presenta las características de la arquitectura de fines del XVI, con un patio irregular, contando con una sala de exposiciones abovedada; el Palacio de Velada, transformado en hotel y en el que destacan tanto su potente torre, su patio y la portada que se abre en la Calle del Tostado y la Casa de Gómez Dávila o Palacio de Valderrábanos, también establecimiento hotelero, de la que sólo se conservan su portada gótica del siglo XV con decoración figurada y el cuerpo de su torre que fue rehecha en 1877.

Destinos de interior: Arenas de San Pedro

Dejamos Extremadura y nos vamos a Castilla y León; en concreto, nos vamos a la provincia de Ávila, donde encontramos un nuevo destino de interior lleno de encanto llamado Arenas de San Pedro, la capital de la Comarca del Valle del Tiétar (también llamada “Comarca de Arenas de San Pedro”), valle regado por el Río Tiétar que nace en la cercana Sierra de Gredos, un atractivo más para que pongamos rumbo a esta pequeña localidad situada al sur de la provincia de Ávila.

Con apenas 7.000 habitantes, Arenas de San Pedro comprende también las localidades de Hontanares, La Parra y Ramacastañas, lugares que añaden sus propios atractivos a los que, de por si, ya cuenta el propio Arenas de San Pedro, unos atractivos que nos trasladan a la Edad Media, momento histórico en el que podemos ubicar el origen de este destino que os proponemos ahora para vuestras próximas vacaciones o, sencillamente, para una corta escapada.

Efectivamente, aunque en la zona se han encontrado restos de asentamientos prehistóricos, lo cierto es que es a finales del siglo XIV cuando podemos decir que nos encontramos ante el nacimiento de Arenas de San Pedro como tal, siendo en este período cuando se construyen los edificios más emblemáticos de la localidad: el Castillo, la Iglesia y el Puente de Aquelcabo, hoy conocido como “Puente viejo”. A partir de ahí, Arenas de San Pedro comenzará a cobrar importancia política y económica, lo que se reflejará en la construcción de edificios tan emblemáticos como la Ermita del Cristo de los Regajales o la Real Capilla del Santuario de San Pedro de Alcántara, así como el inacabado Palacio en La Mosquera, lugar éste último que atrajo a numerosos artistas de todos los campos por la grandiosidad del proyecto, como fue el caso de Boccherini o del mismísimo Goya.

Pero el verdadero punto de inflexión en la historia de Arenas de San Pedro se producirá en el siglo XVII, con la beatificación de Fray Pedro de Alcántara el año 1622. Hasta entonces, Arenas de San Pedro se llamaba simplemente “Arenas”, siendo a partir de aquella fecha cuando se coloque la población bajo la protección del Beato, proclamándolo su Patrón y siendo canonizado en 1669, año en el cual Arenas pasa a llamarse “Arenas de San Pedro”. De esta forma, es fácil comprender la especial vinculación de esta localidad el Santo San Pedro de Alcántara, una figura omnipresente que llega al punto de ensombrecer a la menos conocida Patrona de Arenas de San Pedro la Virgen del Pilar, la cual tiene su propia fiesta patronal en una fecha un tanto extraña, el 8 de septiembre, fecha que difiere de la tradicional y común del 12 de octubre.

Actualmente, Arenas de San Pedro atesora la religiosidad que predica su nombre en numerosos edificios y templos religiosos, como es el caso de la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción (de la que se dice que tiene “aires de catedral”), la Iglesia, Monasterio y Museo de San Pedro de Alcántara (donde se encuentran los restos de San Pedro de Alcántara), la Iglesia de San Juan Bautista, la Iglesia-Convento de las Carmelitas Descalzas, la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia parroquial de San Pedro “Ad Vincula” (situada en La Parra), la Iglesia del Rosario (situada en Ramacastañas), la Iglesia del Cristo de la Luz (situada en Hontanares) o el caso especialmente cargado de simbolismo de los restos de la Iglesia Monasterio de El Alto de San Agustín, templo que fue destruido durante la invasión napoleónica cuando los franceses incendian la ciudad como represalia por la muerte de 24 soldados que habían sido asesinados al realizar una expedición en busca de víveres; en la represalia degüellan a más de 30 personas en distintos lugares de la ciudad, saquean la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y múltiples viviendas, e incendian los conventos de los Agustinos; la ciudad queda desolada pues se han destruido con fuego, además del Ayuntamiento, más de 300 casas.

Todo ese fervor religioso que exhibe con orgullo Arenas de San Pedro se resume en su “Cruz del Mentidero”, una cruz juradera, testigo mudo de contratos en las jornadas de ferias ganaderas y que hoy recibe al viajero en la rotonda del castillo junto al puente dirección Guisando-El Hornillo y El Arenal. Reconstruida recientemente, aún conserva gran parte de su estructura original.

Igualmente, legado de ese fervor religioso que ha caracterizado a Arenas de San Pedro son los testigos del pasado en forma de ruinas que representan la Ermita de San Andrés y la de Llanos, quedando sólo en pie la Ermita del Cristo de los Regajales, situada en la calle Carrellana, en el arranque del antiguo camino de Sabina que conducía a Ramacastañas y Talavera, cuya finalidad era la de permitir a los caminantes que hiciesen, frente a ella, las oraciones imprecatorias cuando emprendían los viajes y las de agradecimiento por la feliz tornada.

Pero, junto a los edificios religiosos, conviene, sin duda, destacar otros edificios y monumentos que la Historia ha legado a Arenas de San Pedro, entre los que destaca sobremanera el Castillo del Condestable Dávalos (también llamado “Castillo de la Triste Condesa” o “Castillo de Don Álvaro de Luna”). Este castillo se construye bajo los auspicios del Buen Condestable Ruy López Dávalos. Incendiado el Castillo durante las diferentes guerras, se conserva (con trabajo de restauración) gran parte del mismo. Sirvió de prisión y de cementerio. Ahora es auditorio municipal, museo y sala de exposiciones y congresos, habiendo sido declarado Monumento Histórico Artístico en 1931.

Destaca también el Palacio del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio (hermano de Carlos III). El carácter ilustrado del Infante le permitió poseer una excelente biblioteca, un gabinete de Ciencias Naturales y una notable pinacoteca; de acuerdo con la importancia de la pintura como medio para pasar a la posteriodad, hizo venir a Francisco de Goya para retratar a los miembros de la familia tanto de forma individual como colectiva en un cuadro de grandes proporciones, cuadro que actualmente pertenece a la “Fundación Magnani Roca”, de Parma, Italia (también pintó el Retrato de Dª Mª Teresa de Villábriga y el Retrato del Infante). Por su afición a la música tenía una orquesta de cámara al frente de la cual estuvo Luigi Boccherini, período durante el cual el compositor italiano compondrá la mayoría de su peculiar colección de quintetos de cuerda con dos violoncelos, así como numerosos cuartetos, sinfonías, tríos, etc., una primera versión de su Stabat Mater y nueve Villancicos.

Por su ubicación, en lo alto de Las Mosquera, desde el Palacio del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio se contempla una amplia panorámica hacia el sur, en primer término todo el caserío urbano del pueblo, y, por la parte de atrás las bravías crestas serranas y los verdes pinares que tanta atracción ejercían sobre el Infante por ser sumamente aficionado a la caza.